HOY, CELEBRAMOS A NUESTRA MADRE, VIRGEN DEL CARMEN REINA Y PATRONA DE CHILE.

HOY, CELEBRAMOS A NUESTRA MADRE, VIRGEN DEL CARMEN REINA Y PATRONA DE CHILE.

Día 9.
“Hagan lo que Él les diga” (Juan 2,5)
Abrid vuestro manto Virgen Santísima del Carmen y cubrid con él a esta República de Chile, para que todos los que vivimos en esta tierra bendita, chilenos e inmigrantes, jóvenes y ancianos, civiles y militares, vivamos en paz y fraternidad, buscando la justicia y la concordia, respetándonos y haciendo lo que Jesús nos dice: “Ámense los unos a los otros”.
¡Virgen del Carmen, Reina de Chile, salva a tu pueblo que clama a Ti!

ORACIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN, PATRONA DE CHILE ¡Oh Virgen Santísima del Carmen!, Llenos de la más tierna confianza, como hijos que acuden al corazón de su madre, nosotros venimos a implorar una vez más los tesoros de misericordia que con tanta solicitud nos habéis siempre dispensado. Reconocemos humildemente que uno de los mayores beneficios que Dios ha concedido a nuestra Patria, ha sido señalarte como nuestra especial Abogada, Protectora y Reina. Por eso a Ti clamamos en nuestros peligros y necesidades seguros de ser benignamente escuchados. Eres la Madre de la Divina Gracia, conserva puras nuestras almas; eres la Torre poderosa de David, defiende el honor y la libertad de nuestra Nación; eres el refugio de los pecadores, corta las cadenas de los esclavos del error y del vicio; eres el consuelo de los afligidos, socorre a las viudas, a los huérfanos y desvalidos; eres el auxilio de los cristianos, conserva nuestra fe y protege a nuestra Iglesia, en especial a sus Obispos, sacerdotes y religiosos. Desde el trono de tu gloria atiende a nuestras súplicas, ¡Oh Madre del Carmelo! Abre tu manto y cubre con él a ésta República. Te pedimos que protejas a Chile, de cuya bandera eres la estrella luminosa. Te pedimos el acierto para los magistrados, legisladores y jueces; la paz y piedad para los matrimonios y familias; el santo temor de Dios para los maestros; la inocencia de los niños; y para la juventud, una cristiana educación.

Aparta de nuestras ciudades los terremotos, incendios y epidemias; aleja de nuestros mares las tormentas, y da la abundancia a nuestros campos y montañas. Se Tú el escudo de nuestros guerreros, el faro de nuestros marinos y el amparo de los ausentes y viajeros. Se el remedio de los  enfermos, la fortaleza de las almas atribuladas, la protectora especial de los moribundos y la redentora de las almas del Purgatorio. ¡ Óyenos, pues, Reina y Madre Clementísima! y haz que viviendo unidos en la misma fe y la práctica de un mismo amor al Corazón Divino de Jesús, podamos ser trasladados de ésta patria terrenal a la patria inmortal del cielo, en que te alabaremos y bendeciremos por los siglos de los siglos. Amén.

PAZ Y BIEN
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